LA RECONSTRUCCION COMO UNA MEDIDA DE MODERNIZACION PARA LAS COMUNAS DE ESCASOS RECURSOS. El Caso de Quilleco.

Después del efecto del 27F, que nos dejó de manifiesto la vulnerabilidad que las obras humanas tienen ante la naturaleza, también generó efectos emocionales en la comunidad, quienes reaccionaron desde la perspectiva que para nosotros significa esta paternidad institucional llamada municipio. Esta reacción fue condicionada, básicamente por la forma cívica de participación que hemos heredado, en otras palabras, fue una reacción enmarcada en el sentido común de lo político. Sentido común que está establecido en nuestra cotidianidad, y del cual evaluamos o sojuzgamos lo que desde nuestra perspectiva entendemos, y desde donde tenemos que generar las voluntades necesarias para trascenderlo, estableciendo una visión y compromiso real con el desarrollo.
I La Afección de lo Tradicional.
En nuestra comuna, a pesar de los daños producidos por este terremoto, resistimos de mucho mejor manera en comparación a otras comunas, pero a pesar de ello, y como tenemos ese extraño privilegio, de ser una de las comunas mas pobres del país, y estar insertas dentro de las regiones afectadas (como también lo fue en la sequia, cuando éramos comuna en situación de emergencia), nos cobijó el velo de la gracia de esa solidaridad asistencial, que siempre cae bien y donde siempre pensamos que estamos sacando el mejor provecho, pero que también representa un concadenamiento de actitudes cívicas, donde institucionalmente funcionamos desde el primer eslabón del sistema municipal, esa condicionante entrópica que durante una década y media, y por una falta de visión evidente en la idea de futuro, provocó un traumatismo social tan agudo que, aunque se quisiera remediar a corto plazo, implica generar un cambio estructural de la participación que permita sentar las bases para un desarrollo real y un cambio social, que generalmente es muy anhelado, pero muy poco comprendido.
Cuando somos testigos de la política del desprestigio, esa que gusta al momento del mate, somos testigos de la carencia de una visión mas propositiva de desarrollo político, en otras palabras, somos testigos de ese pasado asistencial, donde su efecto genera únicamente, el declive constante de nuestra estructura. Por ejemplo, cuando vemos el funcionamiento de nuestras instituciones sociales, indistintamente el campo de representación que tengan, Centros de Padres, Clubes Deportivos, Juntas de Vecinos (salvo excepciones), encontramos una tendencia al desgaste dirigencial, a la instrumentalización política de los dirigentes, como una especie de consecuencia natural de estos, a la carencia en la visión de autogestión, en la carencia de herramientas que mejoren la gestión organizacional; y en el marco municipal, como posibilitador de estos cambios, podemos concordar, que la excesiva burocratización, la limitada inversión en el desarrollo de estos sectores, la limitada información entregada a las organizaciones, provocan un mantenimiento de estas condiciones, y por lo tanto, una tradicionalidad de la cultura cívica de las carencias, en otras palabras un acostumbramiento al asistencialismo como única forma administrativa.
Cuando la comunidad se pronuncia sobre los problemas que enfrenta la ruralidad, se evidencia esa constante marginalización que afecta a la calidad de vida de estos sectores, como consecuencia del avance de la industria forestal, y donde en primera instancia, el municipio manifiesta no tener el poder de revertir esa situación, y donde nuestros parlamentarios, siempre hacen oídos sordos de la pobreza que acarrea esta actividad productiva; como resultado tradicional, nos acostumbramos a solo recibir las migajas de esa responsabilidad social, que bien entiende nuestros procesos internos y que desde su forma capitalista de ver las cosas, también les sacan el máximo provecho.
II La Transición Social como Agente Posibilitador de Desarrollo: Hacia Una Nueva Ruralidad.
Desde la perspectiva asistencial, cuando reflexionamos socialmente el efecto de las gestiones administrativas, entendemos que no se ha logrado ese cambio tan anhelado, algunos creen que ese cambio solo era posible si cambiábamos a los beneficiarios del clientelismo municipal, otros pensaban que la necesidad de trabajo de nuestra comuna tenía que cumplirla el municipio, pero pocos entendían que había que generar cambios profundos al modelo de desorden administrativo que imperó por mucho tiempo. Esta carencia de visión ha llevado a postergar en cierta medida, efectos que garanticen cuanto antes el cambio que nuestra comuna requiere; y que en el lenguaje institucional de la “Reconstrucción” debemos empoderar, una visión unificante de progreso y desarrollo, y que si entendemos desde esta perspectiva, la voluntad de redefinir la normativa comunal, que actualmente se está trabajando, vinculada a redefinir los roles funcionales de los trabajadores que posibilitan la comunicación con nuestra sociedad, vamos a apuntar, a sentar las bases de este desarrollo tan postergado.
Actualmente se están definiendo las ordenanzas que nos regirán, en una de estas reuniones, un funcionario directivo nos evidencia la necesidad de reevaluar legalmente el rol que cumple la actividad forestal, como actividad primaria, siendo que ha alcanzado niveles de industrialización y manofactura que la pone en una situación distinta al momento de tributar ante el municipio, asimismo como lo es la extracción de áridos, y algunas empresas que se definen como sin fines de lucro, pero que generan ganancias que también la significan en otro nivel de tributación territorial. Estos cambios, en conjunto con una canalización de recursos de la Responsabilidad Social, de carácter propositiva, permitirían generar recursos a nuestro deficiente presupuesto, que complementarían tremendamente una estrategia de desarrollo, que permita salir de esta agónica entropía en la que estamos sumidos. Esto nos permitiría generar una inversión infraestructural y social, donde tendríamos la capacidad de educar a los nuevos dirigentes, generar presupuestos participativos, fondos concursables para las organizaciones, canales efectivos para el desarrollo productivo, el emprendimiento, el turismo, actividades complementarias, rentables, y que signifiquen abrir un espacio laboral, para nuestra comuna. Para lograrlo no basta con la visión desarrollista, que esperamos propenda esta administración, y logre consensuarla; sino mas bien necesitamos generar una cultura del cooperativismo social, una voluntad a la capacitación y un esfuerzo a la acción de estas nuevas capacidades; donde necesitamos una visión mas integral de los recursos profesionales que cuenta el municipio, generar una desburocratización que nos permita administrar mejor el tiempo para generar los satisfactores para estas nuevas necesidades, como lo posibilita el establecimiento de una ventanilla única para agilizar los tramites frecuentes, que realiza la comunidad en el municipio o el desarrollo de tecnologías de la información que eduquen en solucionar virtualmente esta demanda. Generar Infocentros rurales para la comunidad adulta, incubadoras de emprendimientos ubicadas en los sectores donde existe una voluntad de adaptación mayor a este tipo de visión.
En resumidas cuentas, cuando elaboramos las directrices económicas, participativas, planificación urbana, normativas, no podemos elaborarlas improvisadamente, pues de esta forma solo haremos que estos instrumentos nos permitan cumplir con requerimientos legales del municipalismo, dejando estos compendios arrumbados como información comunal. Sino mas bien tenemos que trabajarlos de manera transversal e integral, y generar los espacios que encaminen efectivamente su ejecución, de manera de dar una señal clara y evidente a la comunidad, para invitarla a esta nueva oportunidad de reconocernos.
Cuando el Gobierno a través de sus canales administrativos nos llama a la Reconstrucción Social post terremoto, no solo nos está diciendo cuantas mediaguas necesitan, o tenemos tales y cuales recursos para reconstruir las obras dañadas, o que los canales formales de postulación de recursos se verán mermados, eso es simple y pura información burócrata; en este llamado se nos está abriendo la posibilidad, de cómo municipio y comuna decirnos de otra forma, leyendo entre líneas, podemos tomar el espíritu social y comunicacional la Reconstrucción, para desde esta visión reconstruirnos hacia un modelo institucional distinto, que permita orientar a la comunidad a una nueva visión de lo político, a una nueva definición de lo ciudadano, a un fortalecimiento de los valores cívicos y posibilitarnos, de aquí a algún tiempo a tener las condiciones claras y definidas, para lograr el crecimiento y desarrollo que nuestra comuna necesita.

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